SOBRE LA CRISIS Y EL USO DE MEDICAMENTOS

El buen uso de los medicamentos en época de crisis

Ahora, más que en otros tiempos mejores, el Sistema Sanitario necesita que los ciudadanos sean responsables y consecuentes con la crisis que padecemos. Esta recomendación incluye así mismo la demanda y buen uso de los medicamentos, como prestación pública que recibimos los ciudadanos, primordialmente a través de las oficinas de Farmacia. Si queremos seguir recibiendo una atención de probada calidad y eficacia, hay que ser conscientes de las actuales limitaciones evitando los despilfarros, de manera que el uso de los servicios sanitarios, incluida la farmacia, sea justificado y comedido.

En efecto, aunque en años atrás siendo la situación más desahogada y solvente, las oficinas de Farmacia han perseverado en la adecuada utilización de los medicamentos y en el cumplimiento del tratamiento terapéutico, cuanto más ahora en plena crisis y con todas las medidas adoptadas de contención económica que vienen padeciendo, tendentes a contener la factura farmacéutica, dentro de unas prestaciones que permitan seguir atendiendo los problemas de salud. Así las cosas cabe señalar que, a las continuas bajadas del precio de los medicamentos derivadas del Sistema de Precios de Referencia y ajustes añadidos en Andalucía, durante 2010 y 2011 se han sumado tres medidas extraordinarias vía Real Decreto-Ley que ha afectado muy severamente al sector farmacéutico y especialmente a las farmacias, poniendo en grave riesgo su viabilidad e importante papel dentro del Sistema Sanitario. El RDL 9/2011, publicado el pasado mes de agosto, ha sido el decimosexto recorte que sufren las farmacias en los últimos diez años, echándose en falta una mayor sensibilidad en las medidas adoptadas que evitara tantos perjuicios causados.

Todas las farmacias se están viendo afectadas por los recortes, dejando en una situación muy difícil a aquellas que ofrecen servicios en horarios ampliados, por su mayor carga de personal y, sobre todo, a las situadas en lugares más deprimidos o con menor densidad de población, como ocurre en amplias zonas rurales y en sectores urbanos despoblados o con escasa actividad. Al verse su viabilidad comprometida, es necesario arbitrar medidas inmediatas y eficaces que impidan su cierre. A todos nos concierne aprender de los fallos y errores que han llevado a la actual situación para remontarla de la mejor manera.

La protección de la salud exige de la activa participación no solo de los profesionales sanitarios, sino también de los pacientes y usuarios del sistema mediante la adopción de hábitos de vida saludables que sirvan eficazmente para prevenir la aparición de enfermedades. Así una correcta alimentación, la práctica habitual de ejercicio físico y la prevención de la obesidad son fundamentales para mantenernos sanos. ¡Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato!, como tan bien nos recuerda el refranero. Y cuando nos vemos afectados, promover nuestra salud sintiéndonos capaces de cuidarnos y de utilizar adecuada y sensatamente los recursos que el sistema sanitario pone a nuestra disposición sin perder de vista su eficacia y coste. Al tratarse el medicamento de un bien esencial, no podemos prescindir del mismo como puede ocurrir con otros productos, aunque si debemos ser conscientes de su valor para usarlo bien.

La farmacia comunitaria, debido a su situación estratégica de proximidad al ciudadano, lleva a cabo una labor de educación y colaboración con el paciente nada desdeñable. Recíprocamente, adquirir una buena educación, con la participación activa del ciudadano, permite tomar decisiones acertadas que redundan en un mejor estado de salud y calidad de vida. El farmacéutico comunitario es seguramente el profesional sanitario más indicado para facilitar información al paciente y procurar su sensibilización, ya que en el día a día de su labor profesional conoce directamente los problemas y las necesidades de su comunidad. En este sentido la persona debe conocer su medicación, atendiendo a las explicaciones del farmacéutico, para poder entender todos los aspectos relacionados con su tratamiento, y además tomar precauciones en caso de especiales condiciones de uso (dispositivos de administración de insulina, inhaladores, etc). Por el contrario, la falta de adherencia al tratamiento y los incumplimientos conducen inexorablemente a la pérdida de salud y calidad de vida. También es conveniente, sobre todo en caso de patologías crónicas, implicar a familiares y convivientes para conseguir los mejores resultados terapéuticos, sabiendo afrontar las situaciones que suelen plantearse. El cuidado del paciente es misión de todos: de los profesionales de la salud, del propio paciente y de los que le rodean.

El buen uso de los medicamentos y el cumplimiento de las indicaciones ofrecidas por los profesionales al cuidado de la salud son ahora más necesarios que nunca, si de verdad queremos mantener uno de nuestros más preciados servicios, el sistema sanitario público y universal que vela por todos los ciudadanos, y del que forma parte la red de oficinas de Farmacia, con su farmacéutico al frente.