El verano es sinónimo de playa, piscina, vacaciones y actividades al aire libre. Sin embargo, también es una de las épocas del año en las que nuestros ojos están más expuestos a factores que pueden afectar a su salud: la radiación ultravioleta, el agua del mar y de las piscinas, la arena, el viento, el aire acondicionado o el uso prolongado de lentes de contacto.
Este año, además, el verano viene acompañado de un acontecimiento muy esperado: el eclipse solar del próximo 12 de agosto, que atraerá la atención de miles de personas. Será una magnífica oportunidad para disfrutar de la astronomía, pero también para recordar que observar el Sol sin la protección adecuada puede provocar lesiones oculares irreversibles.
La buena noticia es que la mayoría de los problemas oculares propios del verano pueden prevenirse con unas sencillas medidas de protección.
El sol también puede dañar nuestros ojos
Todos somos conscientes de la importancia de proteger la piel frente al sol, pero con frecuencia olvidamos que nuestros ojos también sufren los efectos de la radiación ultravioleta (UV). Una exposición repetida y sin protección puede favorecer, con el paso de los años, la aparición o progresión de enfermedades oculares como las cataratas o determinadas alteraciones de la superficie ocular. Además, el agua y la arena reflejan la radiación solar, aumentando la cantidad de radiación que reciben nuestros ojos.
Con motivo del eclipse solar es importante recordar que nunca debe mirarse directamente al Sol, ni siquiera cuando parece parcialmente oculto por la Luna. En este caso, tampoco son seguras las gafas de sol convencionales, los cristales ahumados, las radiografías, los filtros caseros o las cámaras y teléfonos móviles sin filtros específicos.
La única forma segura de observar un eclipse es utilizando gafas certificadas para observación solar (ISO 12312-2) o mediante sistemas de observación indirecta. Mirar al Sol sin la protección adecuada puede producir una lesión en la retina denominada retinopatía solar, cuyas consecuencias pueden ser permanentes.
Para el resto de actividades al aire libre, la mejor protección sigue siendo utilizar gafas de sol homologadas con filtro 100 % frente a la radiación UVA y UVB, adquiridas en establecimientos sanitarios especializados, donde un profesional pueda asesorar sobre la lente más adecuada para cada persona.
Piscina, mar… y ojos rojos
Es habitual terminar un baño con sensación de escozor o enrojecimiento ocular. En las piscinas, la irritación suele deberse a las cloraminas que se forman cuando el cloro reacciona con materia orgánica presente en el agua. En el mar, la elevada concentración de sal también puede producir molestias.
Para minimizar estos efectos es recomendable:
- Utilizar gafas de natación si se va a nadar o bucear.
- Aclarar los ojos con suero fisiológico si aparece irritación.
- Utilizar lágrimas artificiales cuando exista sensación de sequedad.
- Evitar frotarse los ojos, especialmente si ha entrado arena.
Si el enrojecimiento persiste, aparece dolor intenso, secreción abundante o disminuye la visión, es importante consultar con un profesional sanitario.
¿Y las lentes de contacto?
Durante el verano aumentan las complicaciones relacionadas con el uso de lentes de contacto.
No es recomendable utilizarlas durante el baño en piscinas, ríos, lagos o en el mar, ya que incrementan el riesgo de infecciones oculares. Si prescindir de ellas supone un problema de visión, la opción más segura son las gafas de natación graduadas.
La higiene también cobra especial importancia durante los viajes: lavarse siempre las manos antes de manipular las lentes y respetar los tiempos de uso y sustitución.
El aire acondicionado también influye
Aunque resulta imprescindible para soportar las altas temperaturas, el aire acondicionado favorece la evaporación de la lágrima y puede agravar el ojo seco.
Si notas sensación de arenilla, escozor o visión fluctuante:
- Evita que el aire incida directamente sobre la cara.
- Mantén una buena hidratación.
- Utiliza lágrimas artificiales cuando sea necesario.
- Realiza descansos periódicos si pasas muchas horas frente a pantallas.
Especial atención a los niños
Los ojos de los niños son especialmente sensibles a la radiación solar, por lo que deben protegerse con gafas de sol homologadas y gorras o sombreros cuando la exposición al sol sea prolongada.
Además, conviene enseñarles desde pequeños a no mirar nunca directamente al Sol, especialmente durante fenómenos como un eclipse.
¿Cuándo debemos consultar?
Aunque muchas molestias son pasajeras, existen síntomas que requieren valoración por un profesional sanitario:
- Dolor ocular intenso.
- Disminución de la visión.
- Sensación persistente de cuerpo extraño.
- Secreción abundante.
- Enrojecimiento que no mejora.
- Golpes o traumatismos en el ojo.
- Contacto con productos químicos.
- Aparición de una mancha oscura en el centro de la visión o visión borrosa tras observar el Sol o un eclipse.
Ante cualquiera de estas situaciones no es recomendable automedicarse ni utilizar colirios sobrantes de tratamientos anteriores.
La farmacia también cuida de tus ojos
La farmacia comunitaria desempeña un papel fundamental en la prevención de los problemas oculares del verano.
Además de asesorar sobre la elección de gafas de sol homologadas, lágrimas artificiales, productos para la higiene ocular o el uso correcto de las lentes de contacto, el farmacéutico puede identificar signos de alarma y orientar al paciente hacia el profesional sanitario más adecuado cuando sea necesario.
Disfrutar del verano y cuidar nuestra salud ocular son perfectamente compatibles. Con unas sencillas medidas preventivas podremos proteger nuestra visión durante las vacaciones y también en el futuro.
Este verano, disfruta del sol… pero recuerda que la mejor manera de contemplar un eclipse es hacerlo con la protección adecuada. Tus ojos te acompañarán toda la vida.
Virginia Rosa Díaz
Vocal de Óptica y Análisis Clínicos del Colegio de Farmacéuticos de Cádiz
Farmacéutica y Optometrista


